Niña hermosa que me humillas con tus ojos grandes, bellos: son para ellos, son para ellos estas suaves redondillas.
Son dos soles, son dos llamas, son la luz del claro día; son su fuego, niña mía, los corazones inflamas.
Y autores contemporáneos dicen que hay ojos que prenden ciertos chispazos que encienden pistolas que rompen cráneos.
De “Abrojos” xxxv