Las mujeres

Las mujeres

De donde la he encontrado mi diversión he tomado; granuja he sido y en mis tiempos he arrasado, he tenido mi botín de dulces corazones, y cuatro entre ellos de primera clase. Una era una viuda casi casta, otra, una mujer en Prome, otra, la mujer de un jefe de cuadras y es otra una muchacha en donde vivo.

Nada tengo ahora que ver con las mujeres, pues, llevándolas contigo, nada puedes decir hasta que las pruebas, y es, por tanto, muy posible que te equivoques. Veces hay en que creerás que no hubieses podido, veces hay en que sabrás que hubieses podido; pero aquello que aprenderás de la Amarilla y de la Morena habrá de ayudarte mucho con la Blanca.

Yo era un jovencito en Hoogli, tímido como una niña al comenzar; Aggie de Castrer me tomó, Aggie, lista como el pecado; mayor que yo, pero la primera- más parecía una madre- me enseñó el camino del ascenso y de la paga y de ella aprendí sobre mujeres.

Me destinaron entonces a Burma, interino encargado del Bazar, y me conseguí una nativa pequeña y vivaracha comprándole a su padre provisiones. Divertida, amarilla y fiel- una muñeca en una taza de té- con honra vivimos, como un matrimonio de verdad, y de ella aprendí sobre mujeres.

Nos enviaron entonces a Neemuch (si no hasta hoy la hubiese conservado), y me junté con una deslumbradora diablesa, la mujer de un negro en Mhow; me enseñó la jerga de los gitanos; era como un volcán, me apuñaló una noche por haber deseado que fuese blanca, y de ella aprendí sobre mujeres.

Regresé entonces en barco a casa, me acompañaba una niña de dieciséis- una chica de un convento en Meerut, a ninguna tan recta he visto. Su problema: el amor a primera vista, yo no hubiese hecho nada, pues me gustaba demasiado, pero de ella aprendí sobre mujeres.

De donde la he encontrado mi diversión he tomado, y debo ahora pagar mi diversión, pues cuanto de otras mujeres más conoces, menos sientas con una cabeza; y el final de todo, sentado y pensando, y soñando con ver los Fuegos del Infierno; así que daos por avisados (sé que no lo haréis) y de mí aprended sobre mujeres. ¿Qué pensó la esposa del Coronel? Nadie lo supo nunca. Alguien preguntó a la mujer del Sargento, y ella les dijo la verdad. Cuando llegan delante de un hombre. iguales se hacen como una fila de alfileres- pues Judy O’Grady y la esposa del Coronel hermanas son debajo de su piel.

Versión de Luis Cremades