Conficencias

Conficencias

Confidencias

Una flor por el suelo, un cielo de hojas empapado en lloro y encima de ese cielo, el otro cielo lleno de luna y de brillantes y oro… Un arroyo que el aura acariciaba; un banco… sobre el banco así, como quien flota, se sentaba; y vestida de blanco, bella como un arcángel, me esperaba. Aún flotan en mis noches de desvelo con la luz de una luna como aquélla, el verde y el azul de cielo y cielo, y aura y arroyo y flor y banco y ella.

¿No te acuerdas, mujer, cuántos delirios yo me forjaba, junto a ti de hinojos, al resplandor de los celestes cirios, al resplandor de tus celestes ojos? ¿Te acuerdas, alma mía? ¡Entonces inocente me jurabas amor y yo podía besar tu corazón sobre tu frente!

¡Ayer, unos tras otros, mil delirios así pude fingirme; hoy no puede haber nada entre nosotros, hoy tú vas a casarte… y yo a morirme! ¡Y tanto sol y porvenir dorado, tanto cielo soñado, en una inmensa noche se derrumba! ¡Hoy me dijiste tú: no hay esperanza; hoy te digo: en paz goza; y, en mi tumba, mañana me dirás: en paz descansa!

Nueva York, 1876