A ti la de radiante y angélica hermosura, la rubia de ojos negros que lleva el traje azul, la del lunar lascivo junto a la boca pura, mujer hecha de aroma, música y de luz.
A la Sra. Sofía de González Llorca
Voz que adoras me ruega que escriba aquí en esta hoja mi nombre manchado: ¡el atraiga y reciba de tus ojos el lustre dorado!
hurgo el arte que admiro y reverencio, y así doy con exégesis gloriosas que unir a la hermosura y el silencio de las calladas y divinas cosas.
El odio que alimentas no me extraña, sólo pagas rindiendo cual valiente el sentimiento indómito y ardiente que se retuerce en mi convulsa entraña.
Por eso… en medio de mis odios te venero, por firme, por valiente, por sincero.
San Antonio y Cantoche son dos puntas que se presentan en la mente mía como dos manos que estuvieron juntas y se siguen buscando todavía.
Bendita tú, la del cantar que admiro, la que muestra una fe libre de peste, y en la pública fuente echa el zafiro, la gota azul, el talismán celeste.
En tu recado encontré ortográficos excesos; y no me explico por qué, al pedirme veinte besos, pusiste besos con pe.