La moza lucha con el mancebo -su prometido y hermoso efebo- y vence a costa de un traje nuevo.
Y huye sin mancha ni deterioro en la pureza y en el decoro, y es un gran lirio de nieve y oro.
Y entre la sombra solemne y bruna, yerra en el mate jardín, cual una visión compuesta de aroma y luna.
Y gana el cuarto, y ante un espejo, y con orgullo de amargo dejo, cambia sonrisas con un reflejo.
Y echa cerrojos, y se desnuda, y al catre asciende blanca y velluda, y aún desvestida se quema y suda.
Y a mal pabilo, tras corto ruego, sopla y apaga la flor de fuego, y a la negrura pide sosiego.
Y duerme a poco. Y en un espanto, y en una lumbre, y en un encanto, forja un suceso digno de un canto.
¡Sueña que yace sujeta y sola en un celaje que se arrebola, y que un querube llega y la viola!