No conviene que digamos el nombre...

No conviene que digamos el nombre…

No conviene que digamos el nombre de aquel que nos piensa más allá de nuestro miedo, Si tropezamos a tientas con este extraño ciego y nos sentimos observados siempre por la blanca mirada del ciego, ¿dónde, sino en el vacío y en la nada, fundamentaremos nuestra vida? Intentaremos levantar sobre la arena el peligroso palacio de nuestros sueños y aprenderemos esta humilde lección a lo largo del cansancio, pues sólo así seremos libres para combatir por la victoria última sobre el espanto. Escucha, Sepharad: los hombres no pueden existir si no son libres. Que Sepharad sepa que nunca podremos existir si no somos libres. y clame la voz de todo el pueblo: «Amén».

Versión de José Corredor-Matheos