Esta flor en mis manos

Esta flor en mis manos

repentina… Esta flor en mis manos, repentina alba en mi noche estrellada de mi sueño nacida ¿me atreveré a tocarla? ¿mereceré siquiera profanar con mis ojos la luz que la revela?

El aire desolado de la espera vacía, el aire en que no estaba ¡respiré tantos años! El agua que era muerta y clara y muda, el agua quieta y dócil, resignada, humedece su imagen luminosa. A su labio asomada -¿por qué milagro?- el agua se quema en su homenaje.

Estatua derruida en cenizas la brasa consumida con la arcilla de ayer formó su vida.

¿Qué sino a u fulgor puede mi noche atesorar, atónita, el sueño redivivo? ¿Qué voz hallar, qué grito, qué jubiloso y asombrado canto saludará su aurora?

Tiendo hacia ti mis manos de mendigo.