Pienso, mi amor, en ti todas las horas del insomnio tenaz en que me abraso; quiero tus ojos, busco tu regazo y escucho tus palabras seductoras.
Digo tu nombre en sílabas sonoras, oigo el marcial acento de tu paso, te abro mi pecho -y el falaz abrazo humedece en mis ojos las auroras.
Está mi lecho lánguido y sombrío porque me faltas tú, sol de mi antojo, ángel por cuyo beso desvarío.
Miro la vida con mortal enojo, y todo esto me pasa, dueño mío, porque hace una semana que no cojo.