Este fácil soneto cotidiano que mis insomnios nutre y desvanece, sin objeto ni dádiva se ofrece al nocturno sopor del sueño vano.
¡Inanimado lápiz que en mi mano mis odios graba o mis ensueños mece! En tus concisas líneas aparece la vida fácil, el camino llano.
Extinguiré la luz. Y amanecida, el diamante de ayer será al leerte una hoguera en cenizas consumida.
Y he de concluir, soneto, y contenerte como destila el jugo de la vida la perfección serena de la muerte. * * *