Silencio; es la cigarra, la doctora, la que enseñó a Virgilio la poesía y dio a las viñas griegas su armonía cual bordón inmortal de luz cantora.
Aun pasa con su lira triunfadora ardiendo en entusiasmo y energía; encerrado en sus élitros va el día, escuchad su canción abrasadora.
Ser en la roja siesta enardecido, es un ascua del sol hecha alarido que a su propio calor fundirse quiere.
Quema al cantar su real naturaleza, canta por el amor a la belleza, canta a las almas, y cantando muere.