La sandía

La sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día despidiendo una intensa llamarada, por el acero fúlgido rasgada mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía la larga y deslumbrante cuchillada, como boca encendida y desatada en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando las fue el hábil cuchillo separando, vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente, y de improviso decoró la fuente un círculo de rojas medias lunas.