A mí, peregrino

A mí, peregrino

He aquí que vuelvo a la tranquila plaza: en tu balcón oscila solitaria la bandera de fiesta ya pasada. -Regresa -digo. Mas sólo a la edad que anhela sortilegios burló el eco de las cuevas de piedra abandonadas. ¡Cuánto ha que no responde lo invisible si llamo como antaño en el silencio! Tú ya no estás aquí ni tu saludo llega a mí, peregrino. Nunca dos veces el gozo se revela. Extrema luz sobre el pino que recuerda el mar. Vana también la imagen de las aguas.

Nuestra tierra está lejos, en el sur, de luto y lágrimas caliente. allí, hablan, con negros chales mujeres de la muerte a media voz, en la puerta de la casa.

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