Carta a la madre

Carta a la madre

“Mater dulcíssima, ahora se levantan la nubes, el Navío topa confusamente contra los diques, los árboles se hinchan de agua, arden de nieve; no estoy triste en el Norte; no estoy en paz conmigo mismo, pero no espero el perdón de ninguno; muchos me deben lágrimas de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives como todas la madres de los poetas, pobre y según la medida de amor por los hijos lejanos. Hoy, soy yo quien te escribe” .Finalmente, dirás dos palabras sobre aquel muchacho que huyó de noche con su chaquetilla y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan impetuoso lo matarán algún día en algún lugar. “Cierto, recuerdo, fue en aquella escalerilla gris de los lentos trenes que llevaban almendras y naranjas a la boca del Imera, el río lleno de urracas, de sal de eucaliptus. Pero ahora te agradezco, -sólo esto quiero- con la misma ironía que pusiste en mis labios, igual a la tuya. Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores. No importa si ahora tengo alguna lágrima por ti, por todos aquellos, que como tú esperan y no saben qué. Ah, amable muerte, no toquéis el reloj de cocina que golpea en el muro: toda mi infancia ha pasado en el esmalte de su esfera, en sus flores pintados; no toquéis las manos, el corazón de los viejos. es, Pero tal vez alguno responde. Ah, muerte piadosa, muerte pudorosa, Adiós, amada adiós dulcíssima mater”.

Versión de Fernando Pezoa