Este silencio quieto en las calles, este viento indolente, que se desliza bajo entre las hojas muertas o asciende hacia los colores de las insignias extranjeras… tal vez el ansia de decirte una palabra antes de que se cierre de nuevo el cielo sobre otro día, tal vez la inercia, nuestro mal más vil… La vida no está en este tremendo, oscuro, latir del corazón, no es piedad, no es más que un juego de la sangre donde la muerte está en flor. Oh mi dulce gacela, te recuerdo aquel geranio encendido sobre un muro acribillado de metralla. ¿O ahora ni siquiera la muerte consuela ya a los vivos, la muerte por amor?
* * * * *