Nada me das, no das nada, tú que me escuchas. La sangre de las guerras se ha secado, el desprecio es un deseo puro y no provoca un gesto de un pensamiento humano, fuera de la hora de la piedad. Dar y tener. En mi voz hayal menos un signo de geometría viva, en la tuya, una caracola muerta con lamentos fúnebres. * * * * *