De tierna mujer echada entre las flores

De tierna mujer echada entre las flores

Se adivinaba la estación oculta por el ansia de las lluvias nocturnas, por los cambios de las nubes en el cielo, undosas leves cunas; y yo estaba muerto.

Una ciudad suspendida en el aire era mi último exilio, y en torno me llamaban las suaves mujeres de otros tiempos, y la madre, renovada por los años, con su dulce mano escogía entre las rosas y con las más blancas ceñía mi cabeza.

Afuera era de noche y los astros precisos seguían ignotos caminos en curvas de oro y las cosas vueltas fugitivas me llevaban a rincones secretos para hablarme de jardines abiertos de par en par y del sentido de la vida; pero a mí me dolía la última sonrisa

de tierna mujer echada entre las flores.

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