Yace en el viento de profunda luz la amada del tiempo de las palomas. De mí de aguas de hojas, sola entre los vivos, oh dilecta, hablas; y la desnuda noche tu voz consuela de lucientes ardores y leticias.
Nos decepcionó la belleza, y la desaparición de toda forma y memoria, el lábil movimiento revelado a los afectos a imagen de los internos fulgores.
Pero de tu sangre profunda, en el preciso tiempo humano, renaceremos sin dolor. * * * * *