Avara pena, tarda tu don en esta mi hora de suspirados abandonos.
Un oboe gélido deletrea de nuevo alegría de hojas perennes, no mías, y olvida;
en mí anochece: el agua tramonta en mis manos herbosas.
Alas oscilan en ronco cielo, lábiles: el corazón transmigra y yo estoy yermo,
y los días son escombros. * * * * *