A ti se pliega el corazón en soledad, exilio de oscuros sentidos en el que transmuta y ama lo que ayer parecía nuestro y ahora está sepultado en la noche.
Semicírculos de aire resplandecen en tu rostro; te me apareces en el tiempo que la primera ansiedad aflige y me vuelves blanco, lenta la boca a la luz de la sonrisa.
Por tenerte te pierdo y no me aflijo: todavía eres bella, quieta en dulce posición de sueño: serenidad de muerte extremo gozo.