Y tu vestidura es blanca

Y tu vestidura es blanca

Tienes la cabeza inclinada y me miras, y tu vestidura es blanca, y un seno asoma por el encaje suelto sobre el hombro izquierdo. Me rebasa la luz; tiembla y toca tus brazos desnudos. Vuelvo a verte. Palabras cerradas y rápidas decías, que ponían corazón en el peso de una vida que sabía de circo. Profundo el camino sobre el que descendía el viento ciertas noches de marzo y nos despertaba desconocidos como la primera vez.