y ahí estar ahí aún ahí apretado a mi vieja tabla picada en negro como de viruela durante días y noches molidos ciegamente de estar ahí de no huir y huir y estar ahí inclinado a confesar un tiempo que agoniza haber sido lo que fue hecho lo que hizo de mí de mi amigo muerto en el día de ayer con el ojo brillante con los dientes largos jadeando en su barba devorando la vida de los santos una vida por día de vida reviviendo de noche sus negros pecados muerto ayer mientras que yo vivía y estar allí bebiendo por encima de la tormenta la culpa del tiempo irremisible aferrado a la vieja madera testigo de partidas testigo de regresos