MIRÉ un rayo de sol, combado en el azul, hasta la tierra, y allí vi un pájaro atrevido: ¡oh, qué encantado y dulce!
Bajábase y subía, parpadeaba, en círculos volaba por el rayo de soleada niebla, con sus ojos de llama y con su pico de oro y todo su plumaje de amatista.
Y así cantaba: «¡Adiós! ¡Adiós! Lo que sueña el amor se cumple raramente. Las flores no se quedan nunca, nunca; no permanecerán las gotas de rocío. ¡Oh, mayo, mayo dulce: ya es hora de partir! Iremos lejos, lejos, ¡iremos hoy, hoy mismo!»
Versión de Màrie Montand