Hay una mente, una mente omnipresente...

Hay una mente, una mente omnipresente…

Hay una mente, una mente omnipresente y omnífica. Su nombre sagrado es el Amor. ¡Oh verdad de sublime grandeza! Quien se nutre sacia con ella su alma constante, escapa con una bendición de este ínfimo mundo.

Es lo más alto del hombre, nuestra meridiana majestad, sabernos partes de una maravillosa totalidad. Esto hermana al hombre y asienta su caridad y su conducta. Pero es Dios, difundiéndose en todo, quien hace todo una unidad. Y ésta es la peor superstición: desear algo que no sea Él mismo, suprema realidad (…)

Versión de Gabriel Insuasti