La helada cumple su secreto oficio sin ayuda del viento. Un búho deja su chillido en la noche -escucha- inmensa. Todos descansan ya y me entrego a esa soledad que propicia el desvarío. Tan sólo queda junto a mí, en su cuna, el reposado sueño de mi hijo. ¡Es tan tranquilo! Tanto que perturba el pensamiento con su extremo y raro silencio. ¡Mar, colina y arboleda, junto a este pueblo! ¡Mar, colina y bosque con los hechos diarios de la vida, inaudibles cual sueños! La azul llama se aquieta en el hogar y ya no tiembla; sólo esa cinta interrumpe la calma, agitándose aún sobre la verja. Su meneo en la calma de esta escena le da una semejanza con mi vida, la toma una amistosa forma cuyo endeble flamear hace un juguete del pensamiento y es interpretada a su modo por el alma, que busca en cada cosa espejo de sí misma(…) Versión de Gabriel Insuasti