Meditaciones religiosas

Meditaciones religiosas

Poema sin orden, escrito en la Navidad de 1794

Este es el tiempo en que la voz de la adoración, que es divina para el oído, me levanta como con la trompeta de un ángel; y accediendo y mezclándome con el coro, casi creo ver la muchedumbre celestial que cantó el himno de la paz sobre los campos de Belén. Pero tú eres más luminoso que el resplandor de los ángeles que anunciaron tu nacimiento; tú, varón de dolores, ¡despreciado Galileo! Porque lo Grande e invisible (que sólo percibimos por símbolos) con extraña e insuperable luz brilla desde el rostro del justo y oprimido cuando, sin cuidar de sí, el santo flagelado compadece al opresor. ¡Hermosa la miel del viernes, el bosque, el mar, el sol, las estrellas, huellas de su Señor Creador! (…) Versión de Gabriel Insuasti