Ahora que oyes tu sangre me has oído. Ahora que te has quedado dueño del universo, la más desamparada criatura del tiempo.
Ahora que te has quedado solo y solo. En este instante puro para mirar la muerte puede mi sombra amiga reconquistar tu frente.
¿Has buscado en el agua mi sonrisa? ¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?
¿Has mirado la nube sin descanso ? ¿Has tomado del viento las semillas secretas? ¿Has tocado las locas manos de la tormenta?
¿No me has reconocido? Óyeme ahora: mira en tu soledad una abeja dormida, que elabora en el sueño su miel sin alegría.