Madrigal de una antigua voz

Madrigal de una antigua voz

A Ramón Gainza, amigo

Cuando tu voz se pierda en las veloces veleidades del aire, y forme torbellinos de crepúsculos o de quemantes oros, si todavía escucho, si todavía al alma le impresionan los sonidos, recordaré tus tiernas servidumbres, tus estériles soledades y el destino de las palabras pronunciadas. Como si mirara un relicario donde viviera escondido tu retrato.

Junio 1993