Escribo en la noche susurrante y ajena, en esta calle mía agresiva y ruidosa como plaza de Roma colmada de peregrinos espectaculares y comerciantes pregoneros. -El sueño es un ciervo que huye en lentos espirales- Escribo en esta noche incitante y extraña; a mi lado el color feliz de la quimera, besa mis párpados, araña las paredes, penetra los poros, se pierde en altos cielos…
Escribo en esta noche de inesperados laberintos: en su penumbra, como ascuas, espejos vigilándonos, los rostros de los amados muertos, los rostros de los vivos, los innumerables rostros de la vida y sus variados universos. Escribo en esta noche lenta, envolvente como una profecía, en la infinita vigilia de sus astros… Mis palabras habitan la soledad.