Te converso en el claustro de mi sangre, tú respondes, eres el eco de mi propio ser, el inaudito, el de las verdes costas infinitas, el que no anota el tiempo de los otros. Dibujas parabanes y leyendas, te mueres por la paz de mis recintos cuando la noche abre sus penumbras, sus delicados reinos de fragancia al destino tenaz de mis asombros. Yo soy esa mujer que pasa incierta entre nieblas, palomas y memorias.