Verano para qué, si ya las sienes altiva sombra ciñe fatigada y el alma su soñar entregó en bienes por el gran pordiosero reclamada.
Verano para qué, si sólo vienes con tu fragua de oros y alborada al holocausto que en mi pecho tienes de rosa y hombre, lumbres y algarada…
No quiero el manantial, sino huidiza agua que corre ahondando sus caudales; criatura de espejos y fanales,
su cielo en mi paloma se eterniza. Crece en mis ojos, gasta mi ternura. Mi vida su alimento le procura.
febrero 14 de 1986