Tú, el testimonio

Tú, el testimonio

Poesía; vienes a soliviantar mis huesos, a cavarme, a darme este vestido desusado de habitante de los cuatro puntos cardinales.

Aérea giras mirando siempre al norte de ti misma.

Tú, el testimonio. La brisa que escribe en la hierba el testamento de las flores; el trébol que dibuja el cristal del universo; el ciervo que moja de ternura los bosques. La espuma y la ola, la ceniza y el rocío. El hombre y sus dominios levantando montañas de sal por las esquinas de la tierra El hombre, que come impasible su manjar de inocentes. El que besa, el que trabaja, el que sonríe, el de la orquestal pesadumbre, el del secreto preludio en su pan de sollozos, y el que muere de la muerte de todos cada día. Toma mi mordedura, el signo, el eco, no somos yo sino nosotros. Te entregamos a ciegas nuestro fondo azaroso.