Cuerpo con cuerpo: las pieles se aproximan y se alejan entre espejos que reflejan su deseo. No develes la imagen -esos laureles fenecen-; no te aconsejo confiar en ese reflejo, porque ese doble perverso te revelará el reverso: hueso con hueso, pellejo.
El mar con destructora música invocando la helada quietud…
El mar con destructora música invocando la helada quietud, la ciudad que la luz redescubre jubilosa. El ave gritando toscamente hacia un círculo que el agua desdibuja. Todo su amplia vigilia lo gobierna -a tientas sus señales conjuro, sus palabras invoco- menos el agua amenazando desde un duro jardín, menos el agua. El hombre está solo frente a la luz soñada por Dios. Los gritos de los ángeles, las aguas de la tierra por él han sido nombradas. He aquí que él se descubre soñado y acepta su señal: la furia de los ángeles, la nada, el olvido de Dios.