El émbolo brillante y engrasado...

El émbolo brillante y engrasado…

El émbolo brillante y engrasado embiste jubiloso la ranura y derrama su blanca quemadura más abrasante cuanto más pausado.

Un testigo fugaz y disfrazado ensaliva y escruta la abertura que el volumen dilata y que sutura su propia lava. Y en el ovalado

mercurio tangencial sobre la alfombra (la torre, embadurnada penetrando, chorreando de su miel, saliendo, entrando)

descifra el ideograma de la sombra: el pensamiento es ilusión: templando viene despacio la que no se nombra.