El mar con destructora música invocando la helada quietud...

El mar con destructora música invocando la helada quietud…

El mar con destructora música invocando la helada quietud, la ciudad que la luz redescubre jubilosa. El ave gritando toscamente hacia un círculo que el agua desdibuja. Todo su amplia vigilia lo gobierna -a tientas sus señales conjuro, sus palabras invoco- menos el agua amenazando desde un duro jardín, menos el agua. El hombre está solo frente a la luz soñada por Dios. Los gritos de los ángeles, las aguas de la tierra por él han sido nombradas. He aquí que él se descubre soñado y acepta su señal: la furia de los ángeles, la nada, el olvido de Dios.

El gamo, contra el naranja del bosque, pasa mojado, veloz. El aire cuajado añade al bosque una franja

de aros dispersos. En esos Cartílagos de paisaje se divide, o en el oleaje, o en el jardín de sus huesos.