A Luce López-Baralt
No por azar, por gusto del dislate ni por obedecer a una figura, habló de una cegante noche oscura. Que toda exaltación o disparate
aparente, se indague, y no se ciña -el lenguaje no basta- a un simple juego: de granadas y lámparas de fuego bebió un vino, de antes de la viña.
No percibió ni forma ni sonido, mas con la sangre lo irrigó un sentido ajeno a la palabra y a la imagen.
Dejemos, de esa heráldica, que viajen los símbolos, el mudo abecedario: agua y sed, brasa y luz, cuerpo y sudario.