Que se quede el infinito sin estrellas...

Que se quede el infinito sin estrellas…

Que se quede el infinito sin estrellas, que la curva del tiempo se enderece. Y pierda su fulgor, cuando se mece un planeta en su abismo y en las huellas

del estallido primordial. Aquellas noticias recibidas del comienzo de las galaxias, del vacío inmenso, hoy son luz fósil. Paradojas bellas

que anuncian por venir lo transcurrido y postulan pasado lo futuro. Universo del pensamiento puro:

un espacio que fluye como un río y un tiempo sin presente, opaco y frío. El tiempo de la espera y del olvido.

Otros poemas:

Corta, Changó con tu espada…

Corta, Changó con tu espada el alcohol, y haz que ese río crecido, no bien vacío, vuelva a su cauce y, saciada tanta sed, halle morada el nadador a la orilla de tu fuente y en tu arcilla. Que la sangre que consagras dé su fuerza a las bisagras del puño y de la rodilla.

Cuerpo con cuerpo: las pieles…

Cuerpo con cuerpo: las pieles se aproximan y se alejan entre espejos que reflejan su deseo. No develes la imagen -esos laureles fenecen-; no te aconsejo confiar en ese reflejo, porque ese doble perverso te revelará el reverso: hueso con hueso, pellejo.

El mar con destructora música invocando la helada quietud…

El mar con destructora música invocando la helada quietud, la ciudad que la luz redescubre jubilosa. El ave gritando toscamente hacia un círculo que el agua desdibuja. Todo su amplia vigilia lo gobierna -a tientas sus señales conjuro, sus palabras invoco- menos el agua amenazando desde un duro jardín, menos el agua. El hombre está solo frente a la luz soñada por Dios. Los gritos de los ángeles, las aguas de la tierra por él han sido nombradas. He aquí que él se descubre soñado y acepta su señal: la furia de los ángeles, la nada, el olvido de Dios.

El gamo

El gamo, contra el naranja del bosque, pasa mojado, veloz. El aire cuajado añade al bosque una franja

de aros dispersos. En esos Cartílagos de paisaje se divide, o en el oleaje, o en el jardín de sus huesos.

Flauta. Son. La madrugada…

Flauta. Son. La madrugada se descompone en su prisma de grises donde se abisma el gris de tu voz rajada. Blanco. La línea borrada de una guitarra. Lo sabes: corresponden con los graves las diferentes texturas del tres. El color sutura y da el compás de las claves.

La letra con sangre entra…

A Arturo Carrera

La letra con sangre entra como el amor. Mas no dura en el cuerpo la escritura, ni con esa herida encuentra paz el amante. Se adentra en el cuerpo deseoso y más aumenta su gozo con su mal. Alegoría de nuestra postrimería: jeroglífico morboso.

No acudas a linimento…

No acudas a linimento, alcanfor, miel o saliva, que atenúen el momento de más ardor. No se esquiva con ardid, ni se deriva esa quema: se convierte en su contrario. Divierte el placer así obtenido por el sendero invertido: más vida cuanto más muerte

No porfíes. No rememores…

No porfíes. No rememores que no se olvida el olvido ni su embriaguez: lo que ha sido, es y será. Sinsabores, dramas discretos y amores sin nombre, van a la quema final, como un torpe emblema de eternidad. No perdura más que el goce y la textura de un instante: ése es mi lema.

Se esforzaba. Su jadeo…

Se esforzaba. Su jadeo ante el jardín clausurado era el de un ciervo asustado. La furia -más que el deseo- de penetrar, era el reo que lo impedía… Que ejerza, según la torre se tuerza, jaque anexo, desviada, y cifre, en esa morada: “más vale maña que fuerza”.

Tanto arder, tanto valor…

Tanto arder, tanto valor tanto ataque y retirada ante ese umbral en que nada alivia más el dolor que su incremento. O mejor: hay un punto en que el exceso -y que mediten en eso los mesurados- bascula en su contrario. Calcula: ir más allá es un regreso.

Tu cuerpo se recortaba…

Tu cuerpo se recortaba contra la persiana oscura trazando una línea pura -la del torso- que ondulaba con tus gestos. La chilaba -una línea paralela- en el espejo, una vela y la curva de una fruta eran la doble voluta que estructuraba la tela.

Ya lo ves, de aquella brasa…

Ya lo ves, de aquella brasa cuyo ardor te calcinó, saciado, sólo quedó dispersa ceniza escasa. Muda inconstancia que abraza el aparente sentido del cuerpo obscuro y prohibido -o del tuyo en el espejo de la otra piel-. No me quejo de arder. Ni de haber ardido.

Etapa de vanguardia:

Big bang

Las galaxias parecen alejarse unas de otras a velocidades considerables. Las más lejanas huyen con la aceleración de doscientos treinta mil kilómetros por segundo, próxima a la de la luz. el universo se hincha. Asistimos al resultado de una gigantesca explosión.

Black and white

La raya negra y el batello, el monte siamo tutti, el barco blanco sobre el agua blanca y la fijeza de los pájaros sobre la Salute. Pase, il fait beau del otro lado del otro lado, digo, del río. Estamos todos

Harley Red

El sueño no: la pérdida. El blanco roedor, que ciega. Pierdo pie. Todo es compuerta. Mira: el muro sangra.

Isabel La Católica

El coro de sopranos pintarrajeados entona tu loa:

“Te comiste un Zohar te comiste un Corán.”

Y de tu mano de azogue bendijiste las cabezas cortadas con tu mano de azufre y plantaste jazmines en ellas.

Te goteaba la rodilla de San Ignacio, diste el zapatazo de Santa Teresa.

Te retorciste toda, te rompiste los huesos, pintada de oro, incrustada tu piel de joyas diminutas para formar la inicial de un evangelio.

Saltaban a tu alrededor -cofias de ojillos verdosos- tus hidrocéfalos, tus mongoles, tus negros y eunucos:

“Te comiste un Zohar te comiste un Corán.”

Que ardas per secula seculorum, con tus biblias y tus brújulas.

L’enfant a l’oie

La menta y las alhajas funerarias, el gallo blanco y los últimos children pets. Combate cernido: la música del río respirante, arrastrando hierros; de las grúas mohosas el estrépito y el verde de la herrumbre van creciendo entre cacharros y laterío.

Ya donde el sueño de los hermafroditas y el coro. El niño le retuerce el cuello. El agua sube.

Cada uno en su río.

La cuarta noche

Oye, qué acordeones falsos. La lucidez, el muro blanco,

(la voz gangosa del disco) rayado, un leopardo arisco preso entre los hilos rojos. (las agujas de sus ojos

me miran). La hoja en blanco, la mano que escribe, temblando

Páginas en blanco

Cuadros de Franz Kline:

  1. wax wing

No hay silencio sino cuando el Otro habla (Blanco no: colores que se escapan por los bordes). Ahora que el poema está escrito. La página vacía.

  1. shenandoah wall

La pared cruje. Grieta en lo blanco. Allá va, desunido, el cuarto. Detrás del tragaluz un rostro, otro, mirándose, mirándonos.

  1. étude pour crow dancer

Un cubo despegado. Pegada la oreja a la pared. Oye. Algo va a romperse. Algo crece. Lo que en el muro hierve.

  1. harley red

El sueño no: la pérdida. El blanco roedor, que ciega. Pierdo pie. Todo es compuerta. Mira: el muro sangra.

  1. zinc door

Abierta, no, entrejunta. Esa ranura mira. Detrás de lo blanco, blanco. Ahora el silencio. Las paredes se cuartean. El cuarto desmoronado, navega. Y ese brillo. La puerta transparente.

  1. black and white

La raya negra y el battello, el monte siamo tutti, el barco blanco sobre el agua blanca y la fijeza de los pájaros sobre la Salute. Pase, il fait beau del otro lado del otro lado, digo, del río. Estamos todos.

Poema uno

Escritos en el suelo han quedado los signos de la muerte. Y en los mosaicos de piedra roja el estampido de los rostros de oro.

La humedad ha cubierto los frescos. En la escalera las manchas de los pies rajados.

El polvo ennegrece el resto.

La ventana está abierta. La ciudad saqueada.

Poema 3

Incrustarte cascabeles en las mejillas con cal escribirte en la frente con rayas espirales pintarte el sexo las nalgas con discos fluorescentes

líneas de puntos blancas agrimensor de tu cuerpo negro

firmarte la cabeza cubrirte los pies de yeso flores de oro en las manos ojos egipcios en el pecho

ideogramas blancos un mapa negro tu cuerpo

¿Qué se hicieron los cantantes?

¿Qué se hicieron los cantantes, los reyes, los Matamoros de dril nevado y los oros de las barajas de antes? ¿Quién las tardes del Cervantes recuerda, y aquel grabado del Diario, desdibujado, y los bailables de Sagua?

(Las guitarras llenas de agua están, y el tambor rajado.)

Sexteto habanero

¿Los dioses se fueron, se quedaron, murieron con Beny Moré ellos que con él alucinaban, o habitan aún las orquestas habaneras, las trompetas como dos lluvias de flechas, los cascabeles roncos, y las tardes de músicos y monos?

Shebabdoah wall

La pared cruje. Grieta en lo blanco. Allá va, desunido, el cuarto. Detrás del tragaluz un rostro, otro, mirándose, mirándonos.

Zinc door

Abierta, no, entrejunta. Esa ranura mira. Detrás de lo blanco, blanco. Ahora el silencio. Las paredes se cuartean. El cuarto desmoronado, navega. Y ese brillo. la puerta transparente.