Renuncia a tu cuidado, bien lo sé: tras ese dolor que tu embestida aqueja, en alivio y placer muda la queja, más sosegada cuanto más penetras.
Cerveza transmutada o sidra añeja, del oro tibio la furiosa recta su apagado licor suma y proyecta sobre el cuerpo deseoso que festeja
tanto derrame. A bálsamos o ardides que atenúen la quema de tu entrada nunca recurras. Mientras menos cuides,
unjas, prevengas, o envaselinada disimules, mejor. Para que olvides el mudo simulacro de la nada.
Que se quede el infinito sin estrellas, que la curva del tiempo se enderece. Y pierda su fulgor, cuando se mece un planeta en su abismo y en las huellas
del estallido primordial. Aquellas noticias recibidas del comienzo de las galaxias, del vacío inmenso, hoy son luz fósil. Paradojas bellas
que anuncian por venir lo transcurrido y postulan pasado lo futuro. Universo del pensamiento puro:
un espacio que fluye como un río y un tiempo sin presente, opaco y frío. El tiempo de la espera y del olvido.