Ofrezcamos con nuestros elogios el incienso de la amistad al hombre cuyos ojos resplandecen. Que la claridad de un corazón puro brille como la antorcha que ilumina la celda de un devoto del amor. Ya no veo a mi lado a quien fue mi compañero. Mi corazón está lacerado de tristeza. Mas ¿dónde está el escanciador? Dónde se vende el vino que podría vencer al hipócrita? Mi corazón está lleno de angustias y de amarguras. Mis compañeros han de tal modo roto el pacto de la amistad que dudo de su existencia. Si mi corazón destrozado pudiera un día alcanzar sus deseos no buscaría un bálsamo en todos esos corazones de piedra. ¿Quieres poseer la alquimia de la felicidad? Vive apartado de los malos compañeros. Hafiz: que no te aflija la crueldad de los tiempos. ¿Qué sabes tú, esclavo, de lo que hace tu amo?
De “Los Gazales de Hafiz” Colección Visor de Poesía 1981 Versión de Enrique Fernández Latour