La estación de la rosa

La estación de la rosa

Llega la estación, que alienta gozos De rosados vestidos ataviada; Dejad que el júbilo borre el dolor, Al sonriente huésped aclamad. La vejez nos hace mejorar La primavera con vino y amor.

Para los deseos del corazón Cuán pocos hay generosos. Las horas que imparten dicha Pasan girando deprisa: Entonces, por el vino que atesoro Venderé mi alfombra de oración.

Dulce es la brisa de primavera, Pero aún tendría más dulzura Si la bella, su grata frescura Con elegancia compartiera. Alegrados por su jovial presencia Pasaríamos la copa con más donosura.

Suave es la lira de temblorosas cuerdas Que sofoca la rabia del destino; La suerte sobre el meritorio niño Arroja el manto de la tristeza: Dejad, pues, que el grito de pena Se ahogue en melódicos ríos.

Con ardiente y pasional ansia Nace la sonrojada rosa; ¿Malgastaremos el vino como el agua Que se precipita cuando brota? Palpita en nuestro seno, ahora, El ansia de amor y de esperanza.

Oh Hafiz, tu deliciosa canción Que vuela sobre las alas del viento Según nuestros poetas es parejo A los cánticos del ruiseñor; No es extraño que la música En la estación de la rosa fluya.

De “El despertar del amor” Editorial Sufi 2ª Edición 2003 Versión de Carmen Liaño