¡Mil veces gracias! Una vez más mis ojos ha podido aplacar sus deseos mirando tu rostro Leal y pura, vuelves a ser la compañera de mi alma. A veces pisan los viajeros el camino de la desgracia. Pero el compañero de ruta no se inquieta por si sube o si baja. Vale más sufrir en silencio por una pasión oculta que confiarse a un compañero. Secretos hay que no se depositan en corazones llenos de malicia. Regocíjate si la presencia de la bienamada te ilumina. Si la noche viene a envolverte de tristeza, ¡consúmete, oh, antorcha, pero brilla! Con la ilusión de un beso, compra la dicha. Salvará tu cuerpo y tu alma de las astucias del enemigo. Largas horas y aun días me harían falta, ¡oh, mi amada!, para decir la tristeza que ensombrece mi rostro a causa del dolor con que me abrumas. El canto del amor ha hecho conocer en Irak e Hijaz la dulce melodía de los gazales de Hafiz.
De “Los Gazales de Hafiz” Colección Visor de Poesía 1981 Versión de Enrique Fernández Latour