A Sei Shonagon (que vivió en el siglo XI A.C)
Él, que paseaba un día coronado de flores de durazno y de cerezo, el triste Okinamaro como un preso a la isla de los perros fue expulsado. Cuando volvió al palacio oscuro, herido, lo llamaste, pero él no te miró, y nadie, nadie lo reconoció, mas era él mismo, él mismo destituido. Y lo reconociste en el momento en que lloró a tus pies y que lo viste desfigurado, sucio, hinchado y triste, y lloraste con él su sentimiento.