Si la verdad se vuelve una mentira, si se vuelve dolor la dicha aviesa, si se vuelve alegría la tristeza con sus falsas promesas cuando expira,
si la virtud a la cual en vano aspira mi vida frustra la habitual promesa, si el corazón de odio o de amor me pesa y al helarse cual mármol, aún suspira.
Si no pude enmendarme al recibir la ingratitud de los que más he amado ni pude ensombrecerme al eximir
de mi cariño a los que me han colmado, será porque los dioses me han herido del inocente horror de haber nacido.