Dos dudas en qué escoger...

Dos dudas en qué escoger…

Dos dudas en qué escoger tengo, y no sé a cual prefiera, pues vos sentís que no quiera y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado quiero inclinarme, es forzoso quedando el uno gustoso que otro quede disgustado.

Si daros gusto me ordena la obligación, es injusto que por daros a vos gusto haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien apruebe sentencia tal, como que me trate mal por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento que es también mucho rigor que lo que os debo en amor pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece este rigor, pues se infiere, si aborrezco a quien me quiere ¿qué haré con quien aborrezco?

No sé cómo despacharos, pues hallo al determinarme que amaros es disgustarme y no amaros disgustaros;

pero dar un medio justo en estas dudas pretendo, pues no queriendo, os ofendo, y queriéndoos me disgusto.

Y sea ésta la sentencia, porque no os podáis quejar, que entre aborrecer y amar se parta la diferencia,

de modo que entre el rigor y el llegar a querer bien, ni vos encontréis desdén ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja, pues con esta conveniencia ni yo quedo con violencia ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero gustosos con lo que ofrezco; vos de ver que no aborrezco, yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante a ajustarnos, si os contenta, que vos me logréis atenta sin que yo pase a lo amante,

y así quedo en mi entender esta vez bien con los dos; con agradecer, con vos; conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse en este gusto cumplido, ver que es igual el partido servirá de resignarse.