La blanca helada se acabó, los sueños verdes nada valen, tras un mal día de trabajo llega el momento de la sucia puta: su simple fama llena nuestra calle. Todos los hombres: blancos, rubicundos, negros derivan hacia su forma desmañanada.
Fijaos, os pido, en esa boca hecha para bofetadas en ese rostro costuroso sesgado a fuerza de pintarrajos, hondones, marcas, violado por cada hosco año. Ningún hombre se le acerca que sea capaz de concentrar aliento con que corcusir fuego de amor en tan fétida mueca como apuntan mis castísimos ojos saliendo de charco, zanja, trago.