Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo: infinita, verdad, intocablemente intocable. Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente, en indiferencia también. Mi medio son. El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose de sus luces.
Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta. ¿C6mo salir de la mente? Los pasos a mi zaga concéntranse en un pozo. Este mundo carece de árboles y de pájaros, solo hay agrura en él.
La pared roja no hace más que sobresaltarse: un puño rojo se abre y se cierra, dos papelosas bolsas grises: he aquí mi materia, bueno: y terror también a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.
Irreconocibles pájaros en una pared negra: torciendo el cuello. ¡Esos sí que no hablan de inmortalidad! Dos frías balas muertas se nos aproximan: con mucha prisa vienen.