Es rosada la tierra en el abril, como la juventud, como el amor; y casi no se atreve, siendo virgen, a enamorarse de la Primavera.
En junio, con un pálido semblante y el corazón turbado de deseos, con el Verano de tostada piel se apresura a ocultarse en los trigales.
En agosto, bacante color cobre, al Otoño le ofrece sus dos pechos, con su piel atigrada se revuelca y hace brotar la sangre de las vides.
En diciembre es la anciana que se encorva, empolvada de blanco por la escarcha; en sus sueños quisiera despertar al Invierno que ronca junto a ella. Versión de Carlos Pujol