Invierno, me avergonzaba de mi lengua, llamaba, llamaba, sin eco era un árbol desecado sin raíces… preguntaba a los bosques, me pudría con los guerreros descompuestos hasta las sienes, ya no vivía una vida al margen de la vida… No mencionaba la palabra de Dios, despertaba al batracio y a la perdiz al gordo faisán y a las hambrientas cornejas con mi lamento… * * *