En esas casas bebí mi cerveza… en las conversaciones del aire, en la frialdad de los pensamientos…
Ni uno solo de mis enterradores me desenterró mis tempranas desesperaciones…
Con el olor a quesería, el sonido de los zuecos soy, sin motivo, el polvo de los huesos de mis endeudados vecinos…
Sigue, sigue en silencio, apártate de sus entierros… los cansancios sin sentido,
las largas noches en el molino de las recriminaciones… sigue, sigue, no necesitas ningún juez… sigue…