estoy en la sala del tribunal y sigo el proceso que he elegido, decido irme del palacio de justicia, me abro paso entre la gente, bajo la escalera, quiero hacer una pausa, estoy junto al río, sobre la montaña, otra vez abajo en el río, camino así dos, tres horas, sin tener un solo pensamiento, sólo veo imágenes, nada más que imágenes: mirar al río: durante semanas el único placer, el único cambio, la única posibilidad de no hundirse,
los provincianos del föhn, estupideces,
por lo menos tres veces al año tiene que someterse elcatedrático a una pequeña operación de ojos complicada: con una enfermedad tan avanzada y en la mala situación económica en que se encuentra, con esosespecialistas tan caros: ahora no ve más que sombras, sombras y nada más que sombras, su mujer le pone la mano delante de la cara, pero él ve nada, ella le taladra el cerebro con su taladro, lanza algunas invectivas a sus hijos que corretean por el el prado, les dice que vengan: paseo del domingo por la tarde: abofetea a sus hijos, reparte sin motivo alguno bofetadas en vez de manzanas, hasta que se agota: os criáis como cerdos, dice: oyen el tañido del martillo de una campaña: luego la desolación se extiende sobre sus cabezas de pleno verano, el catedrático dice: el mundo es aburrido, el mundo es aburrido entre dos y es aburrido solo, prolonga la palabra cínico hasta que se rompe, Dios es un gran cínico, dice, Dios es una mentira, y a su mujer: ¿por qué no me guías?, no veo, ¿no ves que no veo? […]