con qué derecho más abierta a otros hombres, no la experiencia del guerrero, ni mi invención…
Quién en esta ciudad vivía de mí, producía sólo un eco, incapaz de una sola línea de verdad, y no provocaba más que el sollozar de las almas de perro con el calor del mediodía…
Quién en esta ciudad no soporta los golpes, el jurado de catorce horas, los interrogatorios sin pausa de la noche… Quién en esta ciudad no moriría al borde de las grandes frases, fuera de los grandes libros cayendo, como caen los cerdos en el olvido…?
Tú en el camino de los pensamientos… campos embrutecidos humean en medio de la perfección. Conquistadores del mundo: Dante, Virgilio, Pascal Versión de Miguel Sáenz De “Ave Virgilio” 1959-1960 Ediciones Península, Barcelona 1988